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⚡ Jugar ahoraD. B. Cooper: el hombre que saltó de un avión y entró en una leyenda que quizá nunca le perteneció
D. B. Cooper: el secuestro de 1971, el rescate encontrado y las pruebas que separan la historia documentada de un misterio todavía sin resolver.

D. B. Cooper no fue el nombre que aquel pasajero dio al comprar su billete.
El pasajero que subió al vuelo 305 de Northwest Orient Airlines utilizó otro nombre: Dan Cooper. Las iniciales que terminaron identificándolo surgieron de una confusión periodística. Sin embargo, el error perduró durante casi cuarenta y cinco años de investigación, aunque la identidad y el destino del hombre siguieran sin aclararse.
El 24 de noviembre de 1971, aquel desconocido secuestró un Boeing 727, obtuvo 200 000 dólares, liberó a los pasajeros y saltó en paracaídas sobre el estado de Washington durante una noche fría y lluviosa. Nunca fue identificado y jamás se encontró un cuerpo que pudiera atribuirse definitivamente al secuestrador.
La desaparición convirtió un delito peligroso en una leyenda. Pero detrás del mito del criminal elegante que venció al sistema existieron pasajeros retenidos, tripulantes amenazados y una mujer obligada a permanecer durante horas junto a un hombre que afirmaba llevar una bomba.
D. B. Cooper
Un caso contado a través de sus pruebas
El billete de Dan Cooper
El FBI conserva y presenta el billete asociado al pasajero que se identificó como Dan Cooper. Ese objeto permite volver al nombre utilizado en el aeropuerto, anterior al error periodístico que popularizó las iniciales D. B. La imagen de esta tarjeta representa una exposición imaginada con IA; el enlace conduce al objeto documentado por el FBI.
Un billete comprado con veinte dólares

La tarde del 24 de noviembre de 1971, víspera del Día de Acción de Gracias, un hombre llegó al aeropuerto de Portland, Oregón. En el mostrador de Northwest Orient Airlines pidió un billete de ida para el vuelo 305, un trayecto de aproximadamente media hora hasta Seattle.
Dijo llamarse Dan Cooper.
Pagó veinte dólares en efectivo por el pasaje. El billete costaba menos, por lo que recibió cambio. Vestía un traje oscuro, camisa blanca, corbata negra y zapatos de vestir. Los testigos calcularon que tenía unos cuarenta y tantos años. Llevaba un maletín negro y una bolsa de papel.
Se instaló en la parte trasera del Boeing 727. Según el FBI, pidió un bourbon con soda mientras el avión esperaba para despegar. También fumó, una práctica entonces permitida en los aviones comerciales (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
Poco después de las tres de la tarde entregó una nota a la auxiliar de vuelo Florence Schaffner. Ella creyó inicialmente que se trataba del número de teléfono de un pasajero que intentaba coquetear y guardó el papel sin leerlo.
El hombre se inclinó hacia ella y le advirtió que debía abrirlo porque llevaba una bomba.
El maletín

Schaffner se sentó junto a él. Cooper abrió parcialmente el maletín y le mostró varios cilindros rojizos, cables y lo que parecía ser una batería. Nunca se ha demostrado que el artefacto fuera una bomba real. Para las personas dentro del avión, sin embargo, no existía una forma segura de comprobarlo.
El secuestrador exigió 200 000 dólares en billetes de veinte, cuatro paracaídas y un camión de combustible preparado para cuando el avión aterrizara en Seattle. Indicó que entregaran las instrucciones al capitán.
La petición de cuatro paracaídas se ha interpretado como una forma de sugerir que podía llevarse rehenes. No se ha establecido que esa fuera su intención: una explicación plausible no equivale a un motivo demostrado.
Mientras el avión daba vueltas para conceder tiempo a las autoridades, los demás pasajeros recibieron una explicación parcial: existía un problema mecánico que retrasaría la llegada. Muchos no supieron que habían sido secuestrados hasta después de bajar.
La comunicación entre Cooper y la cabina se realizó principalmente a través de las auxiliares de vuelo. Florence Schaffner recibió la primera nota; Tina Mucklow permaneció durante gran parte del episodio cerca del secuestrador, trasladando órdenes, explicando detalles técnicos y llevando el dinero y los paracaídas al avión.
La serenidad atribuida a Cooper no reduce la violencia de aquella situación. Su control dependía de hacer creer a los demás que podía destruir el avión.
El intercambio en Seattle

El vuelo aterrizó en el aeropuerto de Seattle-Tacoma alrededor de las 5:39 de la tarde. Las autoridades habían reunido los 200 000 dólares y registrado los números de serie de los 10 000 billetes de veinte. También consiguieron cuatro paracaídas.
Cooper permitió que los treinta y seis pasajeros y dos auxiliares de vuelo abandonaran el avión después de recibir el dinero y los equipos. Conservó a bordo a Tina Mucklow y a los tres hombres de la cabina: el capitán William Scott, el primer oficial William Rataczak y el ingeniero de vuelo Harold Anderson (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
Ordenó volar hacia Ciudad de México, con una posible escala para repostar. Exigió que el Boeing mantuviera una velocidad baja, que el tren de aterrizaje permaneciera extendido y que los flaps se colocaran en una posición determinada. También quería despegar con la escalera trasera abierta.
La tripulación le explicó que no era seguro despegar de esa manera. Finalmente acordaron que Cooper bajaría la escalera una vez en el aire.
Estas instrucciones han alimentado la idea de que poseía conocimientos aeronáuticos. Sin embargo, conocer algunas características de un Boeing 727 no demuestra que fuera piloto, paracaidista militar o empleado de una aerolínea. Parte de su información pudo proceder de observación, experiencia laboral o publicaciones disponibles públicamente.
El avión elegido

El Boeing 727 poseía una característica decisiva: una escalera ventral en la parte posterior del fuselaje. A diferencia de las puertas laterales, aquella salida podía abrirse durante el vuelo bajo determinadas condiciones.
Cooper sabía que podía utilizarla.
El avión despegó de Seattle aproximadamente a las 7:36 de la noche. Dos aeronaves militares lo siguieron a distancia, pero las condiciones meteorológicas y la oscuridad dificultaban observar la parte trasera del aparato.
Cooper ordenó a Tina Mucklow entrar en la cabina. Cuando ella lo vio por última vez, estaba manipulando los paracaídas y tratando de asegurar la bolsa del dinero. Para atarla cortó cuerdas de uno de los paracaídas proporcionados por las autoridades (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
Alrededor de las ocho de la noche, la tripulación observó una luz que indicaba que la escalera trasera había sido accionada. Poco después sintió una oscilación en la cola, compatible con el momento en que una persona de su peso habría saltado desde los escalones.
Cuando el avión aterrizó en Reno, Nevada, la escalera continuaba bajada.
Cooper ya no estaba.
Un salto sin garantías

La cultura popular suele representar el salto como una maniobra calculada con precisión militar. Las condiciones reales fueron mucho menos favorables.
Era de noche. Llovía. El viento era fuerte y el avión atravesaba una zona difícil de identificar desde el aire. Cooper vestía traje y zapatos urbanos. Cargaba una bolsa con el dinero del rescate y utilizó un paracaídas que no podía dirigirse con la precisión de los modelos deportivos modernos.
La ropa y el calzado descritos por los testigos no eran adecuados para un aterrizaje difícil. La localización exacta del salto tampoco quedó establecida, lo que complicó las búsquedas posteriores.
El FBI consideró posible que no hubiera sobrevivido. Un aterrizaje en árboles, agua o terreno irregular podía resultar mortal incluso para un paracaidista experimentado. El hecho de que nunca aparecieran el cuerpo, el paracaídas o la mayor parte del dinero, sin embargo, impidió confirmar esa hipótesis (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
El salto pudo ser una operación cuidadosamente preparada, una improvisación desesperada o una mezcla de conocimiento y errores. La evidencia disponible no permite decidirlo.
El detalle menos conocido: uno de los paracaídas que llevó estaba cosido
Cooper pidió cuatro paracaídas, pero las autoridades no consiguieron cuatro equipos idénticos. Entre los que recibió había paracaídas principales y equipos de reserva. Uno de los paracaídas de reserva era un dispositivo utilizado para instrucción: estaba cosido y no era funcional.
Después del salto, los investigadores descubrieron que Cooper se había llevado dos equipos, entre ellos aquel paracaídas de instrucción cerrado. El FBI documenta que uno de los dos paracaídas que se llevó era ese equipo de instrucción. No está demostrado por qué lo tomó ni si pretendía utilizarlo como reserva (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
El dato contradice la imagen del experto absolutamente meticuloso. Un paracaidista muy experimentado podría haber reconocido que el equipo estaba inservible. También es posible que Cooper trabajara apresuradamente, con poca luz, o que no pretendiera usarlo.
Lo importante es lo que no demuestra. No prueba que fuera un aficionado ni que muriera. Solo revela que el plan, a pesar de su apariencia cinematográfica, incluía riesgos que Cooper no controlaba.
NORJAK

El FBI llamó a la investigación NORJAK, abreviatura de Northwest Hijacking. Se realizaron búsquedas terrestres y aéreas, se interrogó a cientos de personas y se analizaron miles de pistas. Para el quinto aniversario del secuestro ya se habían considerado más de ochocientos sospechosos (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
En el avión quedaron algunos objetos, entre ellos una corbata negra de la tienda J. C. Penney y su pasador. El FBI obtuvo posteriormente una muestra genética de la corbata, pero no pudo establecer que perteneciera exclusivamente al secuestrador ni identificarlo de manera concluyente.
Numerosos hombres fueron propuestos como Cooper. Algunos tenían experiencia militar, otros eran paracaidistas o empleados de aviación, y varios confesaron o fueron señalados por familiares. Ninguno pudo relacionarse con el secuestro mediante pruebas suficientes.
Uno de los sospechosos más famosos fue Richard Floyd McCoy, quien realizó un secuestro similar en 1972 y escapó en paracaídas con 500 000 dólares. El FBI lo descartó, entre otras razones, porque no coincidía adecuadamente con las descripciones proporcionadas por las auxiliares de vuelo (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
Las semejanzas crean teorías. Las investigaciones criminales requieren pruebas.
El dinero que regresó

Durante más de ocho años no apareció ningún billete del rescate.
El 10 de febrero de 1980, Brian Ingram, un niño de ocho años, estaba con su familia en Tena Bar, una zona arenosa a orillas del río Columbia, cuando descubrió varios paquetes de billetes deteriorados bajo la arena.
Se recuperaron 5 800 dólares: dos paquetes de cien billetes y otro de noventa. Los números de serie coincidían con el dinero entregado a Cooper. Los billetes todavía conservaban parte de la disposición en que habían sido preparados para el rescate (HistoryLink, 2024).
El hallazgo no resolvió el caso. Lo hizo más extraño.
Tena Bar no encajaba fácilmente con algunas estimaciones de la zona del salto. Se propusieron distintas explicaciones: Cooper pudo perder parte del dinero, alguien pudo enterrarlo, el río pudo transportarlo o las estimaciones iniciales de la trayectoria del avión pudieron estar equivocadas.
Ninguna explicación ha sido demostrada de forma definitiva. El resto del dinero nunca apareció identificado en circulación, aunque buscar diez mil números de serie entre millones de billetes siempre fue una tarea enormemente difícil.
El hombre al que todos llaman por el nombre equivocado
El secuestrador compró el pasaje como Dan Cooper. Entonces, ¿de dónde salió “D. B.”?
El FBI atribuye las iniciales a un error de la prensa y aclara que interrogó a otro hombre con las iniciales D. B., que no era el secuestrador. El error terminó unido al caso (Federal Bureau of Investigation, s. f.-a).
Existe además una hipótesis llamativa: Dan Cooper era el nombre de un héroe de una serie de cómics franco-belga sobre aviación. Es posible que el secuestrador conociera aquellas historietas, cuya distribución era más común en Canadá y Europa que en Estados Unidos. Esto ha provocado especulaciones sobre una posible conexión canadiense.
No existe, sin embargo, ninguna prueba de que eligiera el alias por el personaje. Puede tratarse de una coincidencia.
La ironía permanece: el desconocido controló cuidadosamente el nombre que entregó en el aeropuerto, pero la prensa terminó otorgándole otro. El personaje histórico llamado D. B. Cooper fue creado conjuntamente por el secuestrador, un error periodístico y décadas de imaginación pública.
La investigación que terminó sin una respuesta
El 8 de julio de 2016, después de casi cuarenta y cinco años, el FBI decidió redirigir los recursos destinados a NORJAK hacia otras prioridades. La agencia aclaró que ninguna pista había producido una identificación definitiva y que conservaría la evidencia. También indicó que consideraría nuevos materiales físicos relacionados específicamente con el dinero o los paracaídas (Federal Bureau of Investigation, 2016).
Cerrar la investigación activa no significó resolverla.
No se sabe quién fue Cooper, si sobrevivió al salto, dónde aterrizó ni qué ocurrió con la mayor parte del rescate. Tampoco se ha demostrado que alguno de los sospechosos populares fuera el hombre visto por Florence Schaffner y Tina Mucklow.
Cada nueva teoría parece comenzar con una fotografía parecida al retrato policial, una experiencia laboral compatible o una confesión familiar. Pero un parecido no es una identificación, y una historia convincente no sustituye la evidencia física.
El precio de convertirse en mito

D. B. Cooper suele ser representado como un caballero criminal: educado, bien vestido y supuestamente cuidadoso de no herir a nadie. Esa imagen omite que amenazó con una bomba, retuvo a personas contra su voluntad y obligó a una tripulación a volar en condiciones peligrosas.
No se registraron muertes entre los pasajeros y la tripulación, pero su seguridad estuvo amenazada. El destino del secuestrador es una cuestión distinta y continúa sin resolverse.
Su caso también influyó en la seguridad aérea. Los secuestros eran frecuentes a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta, cuando los controles en los aeropuertos estadounidenses eran mínimos. Después de Cooper y de varios imitadores, aumentaron las medidas de inspección y los Boeing 727 fueron equipados con un dispositivo, conocido informalmente como Cooper vane, que impedía bajar la escalera trasera durante el vuelo.
Cooper no desapareció solamente dentro de una tormenta. Desapareció dentro de una historia que el público continúa reescribiendo.
Si murió aquella noche, no pudo disfrutar del rescate. Si sobrevivió, no sabemos qué vida llevó después. Ninguna de esas posibilidades autoriza a presentar su huida como un éxito demostrado.
Pero la respuesta más rigurosa sigue siendo también la menos espectacular:
No sabemos quién fue.
No sabemos si vivió.
Y ni siquiera lo llamamos por el nombre que eligió.
Referencias
- Federal Bureau of Investigation. (2009, March 17). In search of D. B. Cooper. Ver fuente
- Federal Bureau of Investigation. (2016, July 12). Update on investigation of 1971 hijacking by D. B. Cooper. Ver fuente
- Federal Bureau of Investigation. (n.d.-a). D. B. Cooper hijacking. Ver fuente
- Federal Bureau of Investigation. (n.d.-b). D. B. Cooper plane ticket. Ver fuente
- McNerthney, C. (2024, August 6). $5,800 of airplane hijacker D. B. Cooper’s ransom money is found near the Columbia River on February 10, 1980. HistoryLink. Ver fuente
- Bednarek, J. (2022, July 18). A brief history of airplane hijackings, from the Cold War to D. B. Cooper. Smithsonian Magazine / The Conversation. Ver fuente
- Escrito y editado por
- Roberto Carlos Gonzalez Reyes
- Publicado
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