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⚡ Jugar ahoraNicolás V: el papa que quiso reconstruir el mundo con piedras y libros
Los manuscritos que abrió a los estudiosos, la Roma que reconstruyó y las bulas que concedió a Portugal.

Cuando Tommaso Parentucelli fue elegido papa en 1447, Roma todavía mostraba las cicatrices de una larga decadencia. Sus calles estaban deterioradas, numerosos edificios amenazaban ruina y la autoridad pontificia apenas comenzaba a recuperarse de décadas de divisiones. El nuevo pontífice, que adoptó el nombre de Nicolás V, creyó que la Iglesia necesitaba algo más que sermones: debía hacer visible su poder.
Por eso levantó edificios, reunió manuscritos y atrajo a Roma a algunos de los humanistas más importantes de su tiempo. Bajo su pontificado comenzó a perfilarse la Roma renacentista. Sin embargo, detrás de aquel sueño cultural también existieron represión política, ambiciones territoriales y documentos que contribuyeron a legitimar la esclavización de pueblos no cristianos.
Nicolás V
Una vida contada a través de manuscritos, edificios y bulas
Romanus Pontifex · 1455
El 8 de enero de 1455, Nicolás V confirmó privilegios portugueses mediante una bula dirigida a Alfonso V. Su redacción conserva la autorización anterior para esclavizar. El enlace lleva a la traducción inglesa publicada en la colección documental de Frances Gardiner Davenport en 1917; la ilustración no reproduce el pergamino original.
El muchacho que aprendió a vivir entre libros

Tommaso Parentucelli nació el 15 de noviembre de 1397 en Sarzana, una pequeña población de Liguria. Su padre murió cuando él todavía era joven y las dificultades económicas interrumpieron temporalmente sus estudios en la Universidad de Bolonia.
Para ganarse la vida trabajó como tutor en las casas de familias florentinas. Esa experiencia lo acercó al ambiente intelectual de Florencia, donde entró en contacto con el humanismo: el movimiento que recuperaba la literatura, la filosofía y el arte de Grecia y Roma como instrumentos para comprender el presente.
Parentucelli no procedía de una poderosa dinastía aristocrática. Su ascenso se debió principalmente a su formación, su capacidad diplomática y la protección del cardenal Niccolò Albergati, a quien acompañó en diversas misiones europeas. Después de la muerte de Albergati, el papa Eugenio IV lo nombró obispo de Bolonia y, poco después, cardenal.
El 6 de marzo de 1447 fue elegido papa. Adoptó el nombre de Nicolás en homenaje a Albergati, el hombre que había impulsado su carrera.
Un pontífice de transición

Nicolás heredó la disputa entre el papado y el Concilio de Basilea. En 1449 renunció Félix V, el papa rival elegido por el concilio. Así terminó el cisma de Basilea; el anterior Cisma de Occidente se había resuelto en 1417.
El pontífice aprovechó aquella reconciliación para proclamar el Jubileo de 1450. Miles de peregrinos llegaron a Roma, fortaleciendo el prestigio religioso de la ciudad y proporcionando importantes ingresos a la administración pontificia.
En diciembre de 1450, los peregrinos que regresaban por el puente de Sant’Angelo quedaron apretados contra los parapetos. Las barreras cedieron. Unos murieron aplastados; otros cayeron al Tíber y se ahogaron. Las fuentes no coinciden en el número exacto de víctimas.
Nicolás ordenó después que se construyeran capillas a la entrada del puente para recordar a las víctimas. Aquel episodio poco mencionado reveló la fragilidad de la ciudad que pretendía convertir en capital del mundo cristiano.
Roma debía parecer eterna

Nicolás V comprendió que la arquitectura podía funcionar como un lenguaje político. Una ciudad monumental transmitiría la idea de una Iglesia estable, universal y destinada a perdurar.
Con la colaboración de arquitectos y humanistas como Leon Battista Alberti y Bernardo Rossellino, impulsó proyectos para restaurar murallas, iglesias, palacios, acueductos y calles. También inició importantes reformas en el Vaticano y concibió una transformación radical de la antigua basílica de San Pedro.
No pudo completar la mayor parte de sus planes. Sin embargo, estableció el principio que seguirían numerosos pontífices renacentistas: Roma debía representar físicamente el poder espiritual y temporal del papado.
La reconstrucción no era solamente una cuestión estética. Después de años de inestabilidad, cada edificio restaurado proclamaba que el papa había regresado para gobernar. La belleza se convirtió en una forma de autoridad.
La biblioteca que debía contener el mundo

La pasión más profunda de Nicolás no fue la arquitectura, sino los libros. Encargó traducciones de autores griegos, pagó a copistas y envió agentes a buscar manuscritos por Europa y el Mediterráneo.
Durante su pontificado, la colección papal pasó de unos 350 manuscritos a aproximadamente 1.200. Incluía obras latinas, griegas y hebreas, y Nicolás deseaba que los estudiosos pudieran consultarlas (Biblioteca Apostólica Vaticana, s. f.).
Por esta razón suele ser llamado fundador de la Biblioteca Vaticana. La afirmación necesita una precisión: Nicolás concibió y reunió el núcleo de una biblioteca destinada al estudio, pero la institución fue organizada oficialmente por Sixto IV en 1475. La Biblioteca del Congreso resume la diferencia con claridad: Nicolás aportó el proyecto intelectual y los libros; Sixto IV le dio una estructura institucional permanente (Library of Congress, 1993).
Uno de los hechos menos conocidos de su programa cultural fue la enorme cantidad de traducciones que patrocinó. Autores como Homero, Tucídides, Heródoto y otros escritores griegos comenzaron a circular con mayor amplitud en versiones latinas. Para Nicolás, recuperar la Antigüedad no significaba desafiar al cristianismo, sino poner el saber antiguo al servicio de la Iglesia.

La conspiración dentro de Roma

No todos los romanos aceptaban el creciente poder temporal del pontífice. Stefano Porcari, humanista y político inspirado por la antigua república romana, soñaba con poner fin al gobierno papal y restaurar un régimen republicano.
Después de varios intentos de agitación, Porcari organizó una conspiración para enero de 1453. El plan fue descubierto antes de ejecutarse. Porcari fue capturado, juzgado y ahorcado junto con varios de sus compañeros.
La conjura ha quedado casi olvidada fuera de los estudios especializados, pero fue importante porque mostró la contradicción central del pontificado: Nicolás admiraba la cultura republicana de Roma antigua mientras gobernaba como un príncipe y castigaba a quienes intentaban convertir aquellos ideales clásicos en un programa político (Saquero Suárez-Somonte & González Rolán, 2008).
Constantinopla: la herida que no pudo reparar
El 29 de mayo de 1453, Constantinopla cayó ante el ejército otomano de Mehmed II. La noticia conmocionó a Europa y afectó profundamente a Nicolás V.
El papa había intentado organizar ayuda militar para los bizantinos, pero las rivalidades entre los reinos cristianos dificultaron una respuesta eficaz. Después de la caída de la ciudad convocó una cruzada, aunque sus llamamientos tampoco consiguieron unir a las potencias europeas.
La paradoja fue dolorosa: mientras Nicolás intentaba recuperar mediante manuscritos la cultura griega antigua, desaparecía el Imperio bizantino que había preservado buena parte de aquella tradición.
La llegada de eruditos griegos y manuscritos a Italia favoreció posteriormente el desarrollo del Renacimiento, pero sería engañoso presentar la caída de Constantinopla como un simple beneficio cultural. Para sus habitantes representó conquista, muerte, desplazamiento y pérdida. Para Nicolás fue también la demostración de que su autoridad espiritual no bastaba para imponer unidad política en Europa.
Las bulas que abrieron una larga sombra

El aspecto más oscuro de su legado se encuentra en las bulas concedidas a la Corona portuguesa durante su expansión por las costas africanas.
En 1452, mediante Dum Diversas, Nicolás autorizó al rey Alfonso V de Portugal a atacar a “sarracenos”, paganos y otros considerados enemigos del cristianismo, ocupar sus territorios y reducir a sus habitantes a servidumbre perpetua. En 1455, Romanus Pontifex confirmó amplios privilegios portugueses sobre territorios y rutas comerciales africanas.
El texto de Romanus Pontifex recoge la concesión anterior y precisa qué significaba para las personas afectadas: el rey portugués podía apropiarse de sus tierras y reducirlas a esclavitud perpetua. La distinción importa porque el documento iba más allá de elogiar la navegación o alentar la conversión. Presentaba la coacción como un ejercicio legítimo del poder real (Nicolás V, 1455).
Sería impreciso afirmar que Nicolás V creó por sí solo la trata transatlántica, que todavía no existía en su forma posterior. Pero también sería incorrecto separar completamente sus decisiones de ese proceso. Sus bulas ofrecieron legitimidad espiritual a la conquista y esclavización de poblaciones no cristianas.
El protector de los libros también ayudó a construir un lenguaje de dominación.
El fantasma de su poder

Nicolás V murió en Roma el 24 de marzo de 1455. Tenía 57 años y había gobernado durante ocho.
Dejó proyectos arquitectónicos incompletos, una colección extraordinaria de manuscritos y una nueva visión de Roma como capital cultural de la cristiandad. Sus sucesores ampliaron esa visión hasta convertir la ciudad en uno de los grandes centros del Renacimiento.
Su figura no cabe, sin embargo, en la imagen tranquilizadora del papa erudito. Fue diplomático y mecenas, pero también monarca. Promovió el estudio del mundo clásico mientras reprimía una conspiración republicana; intentó preservar el conocimiento griego mientras era incapaz de salvar Constantinopla; imaginó una biblioteca abierta a los sabios mientras autorizaba la servidumbre perpetua de otros pueblos.
Su fantasma permanece precisamente en esa contradicción. Nicolás V creyó que los libros, las iglesias y los palacios podían reconstruir la autoridad de la Iglesia. Tenía razón. Pero cada monumento del poder conserva también la memoria de quienes quedaron fuera de su promesa de civilización.
Fuentes
- Biblioteca Apostolica Vaticana (s. f.). History.
- Library of Congress (1993). Rome reborn: The Vatican Library & Renaissance culture.
- Nicholas V (1455). Romanus Pontifex. In F. G. Davenport (Ed.), European treaties bearing on the history of the United States and its dependencies to 1648 (1917). Carnegie Institution of Washington.
- Saquero Suárez-Somonte, P., & González Rolán, T. (2008). Sobre el «catilinarismo» en el siglo XV: un texto latino inédito (ms. 57 de Burgo de Osma) de la conjura de Stefano Porcari contra el Papa Nicolás V. Cuadernos de Filología Clásica. Estudios Latinos, 28(1), 75–94.
- Sovrintendenza Capitolina ai Beni Culturali (s. f.). Ponte Sant’Angelo.
- Holy See (s. f.). Nicholas V.
- Dicasteries for Culture and Education and for Promoting Integral Human Development (2023). Joint statement on the ‘Doctrine of Discovery’.
- Escrito y editado por
- Roberto Carlos Gonzalez Reyes
- Publicado
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