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Rosalind Franklin: la científica que fotografió el ADN y murió un día antes de ver su último descubrimiento
La célebre Fotografía 51 reveló la arquitectura oculta de la vida, pero su legado científico se extendió mucho más allá del ADN.

La fotografía que transformó la biología no mostraba un rostro, un paisaje ni un acontecimiento histórico. Era una figura oscura atravesada por una cruz de manchas. Para casi cualquier persona habría parecido una imagen defectuosa. Para Rosalind Franklin, revelaba la arquitectura oculta de la vida.
La célebre Fotografía 51 ayudó a demostrar que el ADN poseía una estructura helicoidal. Sin embargo, reducir la carrera de Franklin a aquella imagen —o presentarla solamente como una científica despojada de un premio— oculta gran parte de su verdadero legado.
Antes de estudiar el ADN investigó la estructura del carbón. Después se convirtió en una autoridad en virus, dirigió su propio equipo y obtuvo una importante financiación internacional. Su último proyecto fue presentado en la Exposición Universal de Bruselas de 1958. Franklin no llegó a contemplarlo: murió el día anterior a la inauguración.
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Una vida contada a través de lugares y momentos decisivos
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Un objeto auténtico conservado por una institución cultural nos acerca al mundo que existió detrás de esta vida.
- Colección
- Wikimedia Commons
- Derechos
- CC BY-SA 4.0
From the personal collection of Jenifer Glynn.
Una niña que quería respuestas demostrables
Rosalind Elsie Franklin nació en Londres el 25 de julio de 1920, dentro de una familia judía acomodada que valoraba la educación y el servicio público. Desde pequeña mostró facilidad para las matemáticas y una marcada preferencia por las explicaciones racionales.
A los quince años decidió que sería científica. Su padre, Ellis Franklin, inicialmente expresó dudas sobre aquella carrera, poco habitual para una mujer, pero terminó respaldando sus estudios.
En 1938 ingresó en Newnham College, una de las instituciones femeninas vinculadas a la Universidad de Cambridge. Allí estudió ciencias naturales y se especializó en química física. Las mujeres podían estudiar y completar los exámenes universitarios, pero Cambridge todavía no les concedía títulos en igualdad de condiciones con los hombres. Esa discriminación institucional no desaparecería hasta 1948.
Franklin terminó sus estudios en plena Segunda Guerra Mundial. Mientras Londres sufría bombardeos, trabajó como vigilante durante ataques aéreos y comenzó una investigación que parecía muy alejada de la genética: estudiar los poros del carbón.

Los agujeros invisibles del carbón
En 1942 entró en la British Coal Utilisation Research Association. Gran Bretaña dependía del carbón para su industria, sus hogares y su esfuerzo bélico. Comprender cómo diferentes tipos de carbón absorbían y liberaban gases tenía aplicaciones prácticas en la producción de combustible y materiales filtrantes.
Franklin investigó la densidad, la porosidad y la estructura microscópica del carbón. Demostró que sus poros actuaban como una compleja red molecular y que distintos materiales podían clasificarse según su comportamiento al calentarse. Estos estudios ayudaron a predecir qué carbones podían transformarse en grafito y cuáles resultaban adecuados para determinados usos industriales (National Library of Medicine, s. f.).
Su trabajo se convirtió en la base de su tesis doctoral, aprobada por Cambridge en 1945. No era una investigación secundaria: sus artículos sobre carbón y carbono continuaron siendo citados durante décadas.
En 1947 se trasladó a París para trabajar en el Laboratoire Central des Services Chimiques de l’État. Allí, bajo la dirección de Jacques Mering, dominó la difracción de rayos X, una técnica que permitía estudiar estructuras demasiado pequeñas para observarlas con un microscopio convencional.
Los rayos X se proyectaban sobre una muestra y se dispersaban formando patrones. Interpretar aquellas manchas exigía precisión experimental, conocimientos matemáticos y paciencia. Franklin sobresalía en las tres cosas.

El conflicto de King’s College
En 1951 regresó a Londres para incorporarse a la unidad de biofísica de King’s College. El director, John Randall, le asignó el estudio de las fibras de ADN y puso a Raymond Gosling, estudiante de doctorado, bajo su supervisión.
La situación estuvo mal definida desde el comienzo. Maurice Wilkins, quien ya había trabajado con ADN, creyó inicialmente que Franklin actuaría como su asistente. Ella había sido contratada como investigadora independiente. El malentendido, unido a sus diferentes personalidades y al ambiente predominantemente masculino de King’s, deterioró su relación profesional.
Franklin y Gosling descubrieron que el ADN podía adoptar dos formas dependiendo de la humedad. La forma A era más seca y difícil de interpretar; la forma B, más hidratada, producía un patrón mucho más claro.
El 2 de mayo de 1952 comenzaron una exposición de rayos X que duró aproximadamente 62 horas. El resultado fue la Fotografía 51. Su característica cruz oscura constituía una fuerte evidencia de una estructura helicoidal (King’s College London, 2023).
Pero la fotografía no era una respuesta completa. Franklin intentaba determinar mediante cálculos rigurosos las dimensiones, la simetría y la distribución de los componentes de la molécula. Estableció correctamente que los grupos fosfato debían encontrarse en el exterior, una condición esencial para cualquier modelo válido.

Lo que ocurrió realmente con la Fotografía 51
La historia suele resumirse diciendo que James Watson y Francis Crick “robaron” una fotografía y descubrieron la doble hélice. La realidad fue más compleja, aunque no por ello completamente justa.
Cuando Franklin se preparaba para abandonar King’s, Gosling volvió a trabajar bajo la supervisión de Wilkins. Este le mostró la Fotografía 51 a Watson sin consultar a Franklin. Watson comprendió inmediatamente que el patrón correspondía a una hélice.
Además, Max Perutz entregó a Watson y Crick un informe interno del Medical Research Council que contenía medidas obtenidas por Franklin. El documento no estaba formalmente clasificado como confidencial, pero ella tampoco sabía que sus resultados serían utilizados de esa manera.
Aquellos datos permitieron a Watson y Crick corregir errores anteriores y construir el modelo de doble hélice. El 25 de abril de 1953, Nature publicó tres artículos consecutivos: el modelo de Watson y Crick; el trabajo de Wilkins, Alexander Stokes y Herbert Wilson; y el análisis experimental de Franklin y Gosling.
Watson y Crick reconocieron de manera muy limitada que habían sido “estimulados” por los resultados no publicados de los investigadores de King’s. No explicaron cuánto dependía su modelo de esos datos.
Investigaciones históricas recientes también han cuestionado la imagen de Franklin como una víctima pasiva que no comprendía sus propios resultados. Documentos de 1953 muestran que fue considerada una colaboradora fundamental y que su análisis avanzaba hacia una interpretación helicoidal del ADN (Cobb & Comfort, 2023). Fue una científica activa dentro de una investigación colectiva, aunque sus aportes no recibieron entonces un reconocimiento proporcional.

La científica que continuó después del ADN
En marzo de 1953, Franklin se trasladó a Birkbeck College. Su salida de King’s no puso fin a su carrera. Por el contrario, inició allí una segunda etapa extraordinaria.
Bajo la dirección general de John Desmond Bernal, comenzó a estudiar el virus del mosaico del tabaco, que contiene ARN en lugar de ADN. Franklin demostró que las partículas virales tenían una longitud uniforme y ayudó a establecer que su ARN estaba enrollado en el interior de una cubierta helicoidal de proteínas.
Ya no trabajaba simplemente como integrante subordinada de un laboratorio. Dirigía un equipo en el que participaron científicos como Aaron Klug, John Finch y Kenneth Holmes. Entre 1953 y 1958 publicó numerosos estudios sobre la estructura de los virus. Klug continuaría desarrollando esa línea de investigación y recibiría el Premio Nobel de Química en 1982.
Franklin también obtuvo fondos estadounidenses para ampliar su trabajo a virus que afectaban plantas como la papa, el tomate, el nabo y el guisante. Finalmente comenzó a investigar el poliovirus, causante de la poliomielitis.
Esta etapa demuestra que su talento no dependía de una sola fotografía. Cuando abandonó la competencia por el ADN, creó un programa científico propio y se convirtió en una figura respetada de la virología estructural.

El proyecto que no llegó a ver
En 1956, mientras su equipo ganaba reconocimiento, Franklin fue diagnosticada con cáncer de ovario. Se sometió a operaciones y tratamientos, pero regresó repetidamente al laboratorio. Durante períodos de remisión continuó viajando, redactando artículos y buscando financiación para sus colaboradores.
Su equipo recibió el encargo de construir grandes modelos de virus para el Pabellón Internacional de Ciencias de la Exposición Universal de Bruselas de 1958. Las estructuras, de alrededor de metro y medio de altura, mostraban al público cómo se organizaban las partículas virales.
Rosalind Franklin murió en Londres el 16 de abril de 1958, a los treinta y siete años. La exposición abrió sus puertas al día siguiente. Los visitantes pudieron contemplar los modelos construidos a partir de una investigación que ella ya no estaba allí para explicar (Rosalind Franklin University, s. f.).
Cuatro años después, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina fue concedido a Watson, Crick y Wilkins por sus descubrimientos sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos. Franklin no podía recibirlo: los Nobel no se conceden de manera póstuma. Sin embargo, afirmar que simplemente “le robaron el Nobel” también simplifica la historia. Nunca fue nominada y murió antes de que la importancia biológica de la doble hélice estuviera plenamente confirmada y premiada.

Mucho más que la mujer de la fotografía
Durante años, Rosalind Franklin fue presentada de dos maneras incompletas: primero como una técnica secundaria y después como una víctima incapaz de defender su propio descubrimiento.
Fue mucho más.
Era una química física con una extraordinaria capacidad experimental. Produjo investigaciones importantes sobre el carbón y el grafito, obtuvo pruebas fundamentales sobre el ADN y dirigió estudios pioneros sobre la estructura de los virus. También trabajó dentro de instituciones en las que las jerarquías, los malentendidos y los prejuicios de género influyeron en quién recibía información, autoridad y reconocimiento.
La Fotografía 51 permitió contemplar una forma invisible. Pero la vida de Franklin revela algo igualmente difícil de observar: el descubrimiento científico rara vez pertenece a una sola persona y la memoria histórica no siempre distribuye el mérito con la misma precisión que exige un laboratorio.


Referencias
- Cobb, M., & Comfort, N. (2023). What Rosalind Franklin truly contributed to the discovery of DNA’s structure. Nature, 616, 657–660.
- Franklin, R. E., & Gosling, R. G. (1953). Molecular configuration in sodium thymonucleate. Nature, 171, 740–741.
- King’s College London. (2023, 14 de abril). The story behind Photograph 51.
- Maddox, B. (2002). Rosalind Franklin: The dark lady of DNA. HarperCollins.
- National Library of Medicine. (s. f.). The Rosalind Franklin papers: Biographical overview.
- National Library of Medicine. (s. f.). The holes in coal: Research at BCURA and in Paris, 1942–1951.
- Nobel Prize Outreach. (s. f.). The Nobel Prize in Physiology or Medicine 1962.
- Rosalind Franklin Institute. (s. f.). Rosalind Franklin’s life.
- Rosalind Franklin University of Medicine and Science. (s. f.). Dr. Rosalind Franklin.
- Escrito y editado por
- Roberto Carlos Gonzalez Reyes
- Publicado
- Última actualización
La bibliografía al final de esta historia forma parte de su registro editorial.
