Sor Juana Inés de la Cruz: la mujer que defendió su derecho a saber y terminó rodeada de silencio

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Sor Juana Inés de la Cruz: la mujer que defendió su derecho a saber y terminó rodeada de silencio

Cuando intentaron apartarla de los libros, convirtió la historia de su vida en una defensa del derecho de las mujeres a pensar.

Sor Juana Inés de la Cruz rodeada de libros y manuscritos

Un obispo publicó un escrito privado de Sor Juana Inés de la Cruz sin pedirle permiso. Después adoptó el nombre de una mujer imaginaria para aconsejarle que dejara las discusiones intelectuales y dedicara su talento a asuntos religiosos.

Ella respondió contando la historia de toda su vida.

Explicó cómo había aprendido a leer, por qué entró en un convento y cuántas veces intentaron apartarla de los libros. Su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, escrita en 1691, no fue únicamente una defensa personal. Se convirtió en uno de los textos fundamentales sobre el derecho de las mujeres a estudiar, pensar y participar en el conocimiento.

Sin embargo, pocos años después, Sor Juana dejó de publicar, se desprendió de gran parte de su biblioteca y firmó documentos penitenciales con una frase dolorosa: “Yo, la peor de todas”.

No sabemos hasta qué punto aquel silencio fue elegido o impuesto.

Esa incertidumbre forma parte de su herida.

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Sor Juana: defender el derecho a saber

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Una vida contada a través de lugares y momentos decisivos

Origen 12 de noviembre de 1651 Nepantla de Sor Juana Inés de la Cruz
Legado 17 de abril de 1695 Ciudad de México
Datos biográficos: Wikidata · Narración y verificación: Mentes Que Crearon El Futuro
Una pieza que sobrevivió a la historia

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Un objeto auténtico conservado por una institución cultural nos acerca al mundo que existió detrás de esta vida.

Sor Juana Inés de la Cruz (1772) Andrés de Islas 1772 Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz.
Colección
Wikimedia Commons
Derechos
Public domain

http://www.mecd.gob.es/museodeamerica/coleccion2/seleccion-de-piezas2/colonial/sorjuanaines.html

Una niña frente a una biblioteca prohibida

Juana Inés de Asbaje y Ramírez nació en San Miguel Nepantla, en la Nueva España, territorio del actual México. Su fecha de nacimiento sigue siendo discutida: muchos especialistas aceptan 1648, mientras otros documentos han llevado a proponer 1651.

Fue hija nacida fuera del matrimonio de Isabel Ramírez y Pedro Manuel de Asbaje. Creció principalmente en las propiedades de su familia materna, cerca de Amecameca.

Según contó en su Respuesta a Sor Filotea, aprendió a leer cuando era muy pequeña, acompañando a una hermana mayor a sus lecciones. En la hacienda de su abuelo encontró una biblioteca que se convirtió en el verdadero centro de su infancia.

Leía todo lo que podía alcanzar. Estudió latín y aseguró haberlo aprendido en unas veinte lecciones. También se interesó por la filosofía, la teología, la poesía, la música, las matemáticas y las ciencias naturales.

En otra anécdota autobiográfica, explicó que se cortaba parte del cabello cuando no aprendía una materia con la rapidez que se había impuesto. Consideraba absurdo que su cabeza estuviera adornada si permanecía vacía de conocimientos.

Quiso asistir a la universidad y llegó a pedir que la dejaran vestirse de hombre para poder entrar. La petición no fue aceptada.

En el siglo XVII, una mujer podía recibir educación religiosa o doméstica, pero el acceso sistemático al conocimiento avanzado estaba reservado casi completamente a los hombres. Juana no estaba dispuesta a aceptar que su inteligencia debía detenerse en el límite fijado para su sexo.

Juana Inés niña leyendo en la biblioteca de su abuelo
La biblioteca familiar se convirtió en el verdadero centro de su infancia. Recreación visual generada por IA.

La joven examinada por los sabios

Siendo todavía adolescente, Juana se trasladó a Ciudad de México y entró en la corte virreinal. Se convirtió en dama de la virreina Leonor Carreto, marquesa de Mancera, quien protegió su actividad intelectual y literaria.

La corte ofrecía acceso a libros, conversaciones cultas y personas capaces de apreciar su talento. También convirtió a la joven en una curiosidad: una mujer que dominaba asuntos que muchos consideraban ajenos a su condición.

Un relato temprano de su vida afirma que el virrey Antonio Sebastián de Toledo reunió a decenas de teólogos, filósofos, matemáticos y humanistas para examinarla. Juana respondió a sus preguntas y dejó impresionados a los asistentes.

La historia procede principalmente de su primer biógrafo, Diego Calleja, y pudo ser embellecida. Sin embargo, refleja la fama intelectual que Sor Juana alcanzó desde muy joven.

Su inteligencia necesitaba ser comprobada públicamente porque pertenecía a una mujer.

La joven Juana Inés examinada por sabios en la corte virreinal
El célebre examen pudo ser embellecido, pero refleja la reputación intelectual que alcanzó muy joven. Recreación visual generada por IA.

El convento como espacio de libertad

Juana tenía pocas opciones para conservar cierta independencia. El matrimonio habría colocado su vida, sus bienes y su tiempo bajo la autoridad de un esposo. La soltería femenina fuera de estructuras familiares o religiosas era difícil de sostener.

En 1667 ingresó en un convento de carmelitas descalzas, pero la severidad de la orden afectó su salud y lo abandonó después de unos meses. En 1669 entró en el convento de San Jerónimo, donde adoptó el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz.

El convento no fue únicamente un lugar de encierro. Para una mujer de su tiempo, también podía ofrecer una habitación propia, cierta autonomía económica y tiempo para estudiar. Sor Juana reunió una importante biblioteca, instrumentos musicales y objetos científicos. Recibía visitantes en el locutorio, mantenía correspondencia y participaba en las redes intelectuales de la Nueva España.

Cumplía tareas administrativas dentro de la comunidad y generaba ingresos mediante encargos literarios. Escribió poemas, obras teatrales, villancicos para celebraciones religiosas, textos cortesanos y tratados hoy perdidos.

El hábito religioso no eliminó su voz. Durante más de veinte años le proporcionó el espacio desde el cual pudo desarrollarla.

Sor Juana estudiando en su celda del convento de San Jerónimo
El convento le proporcionó durante más de veinte años un espacio desde el cual desarrollar su obra. Recreación visual generada por IA.

Amar, pensar y contradecir

Sor Juana dominó las complejas formas de la literatura barroca, pero no escribió solamente para demostrar erudición. Sus poemas exploraron el deseo, los celos, la ausencia, la inteligencia y las contradicciones entre apariencia y realidad.

En “Hombres necios que acusáis”, denunció la doble moral masculina que exigía pureza a las mujeres mientras las presionaba para actuar de manera contraria. El poema no utiliza el vocabulario político del feminismo moderno, pero expone con precisión una estructura de desigualdad todavía reconocible.

También escribió comedias como Los empeños de una casa y poesía amorosa dirigida a figuras femeninas de la corte. Las convenciones literarias barrocas no permiten convertir automáticamente esos versos en confesiones autobiográficas, pero revelan la amplitud con la que podía explorar el afecto y el deseo.

Su obra más ambiciosa, Primero sueño, presenta al alma intentando elevarse durante la noche para comprender el universo. El conocimiento parece extenderse ante ella, pero la capacidad humana no logra abarcarlo por completo.

No es un poema sobre la posesión de la verdad.

Es un poema sobre el deseo interminable de alcanzarla.

Sor Juana escribiendo poesía barroca entre libros e instrumentos
Su obra exploró el deseo, la inteligencia y los límites de la capacidad humana para conocer. Recreación visual generada por IA.

La crítica que no debía publicarse

Alrededor de 1690, Sor Juana escribió un análisis de un antiguo sermón del influyente jesuita portugués António Vieira. El texto discutía cuál había sido la mayor demostración del amor de Cristo y cuestionaba algunos argumentos del célebre predicador.

Sor Juana afirmó posteriormente que lo había redactado por petición ajena y no con intención de publicarlo.

Manuel Fernández de Santa Cruz, obispo de Puebla, decidió imprimirlo bajo el título de Carta atenagórica. Lo acompañó con una carta firmada por “Sor Filotea de la Cruz”, un personaje femenino inventado por el propio obispo.

La carta elogiaba la capacidad de Sor Juana, pero también la amonestaba. Le aconsejaba concentrarse en las Escrituras, cultivar una obediencia más humilde y apartarse de ciertos estudios y escritos profanos.

El gesto estaba lleno de contradicciones. El obispo divulgó la inteligencia teológica de Sor Juana y, al mismo tiempo, le recordó los límites dentro de los cuales debía ejercerla. Utilizó una voz femenina para corregir públicamente a una mujer cuya obra había publicado sin autorización.

Las razones de Fernández de Santa Cruz continúan siendo debatidas. Pudo admirarla sinceramente, intentar protegerla o utilizar su crítica dentro de rivalidades eclesiásticas. Reducirlo a un simple enemigo no explica toda la complejidad del episodio.

Pero Sor Juana comprendió que debía responder.

El obispo de Puebla publicando la Carta atenagórica bajo el nombre de Sor Filotea
El obispo usó una identidad femenina imaginaria para amonestar a Sor Juana públicamente. Recreación visual generada por IA.

El derecho de una mujer a conocer

La Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, fechada en marzo de 1691, es a la vez autobiografía, argumentación teológica y defensa intelectual.

Sor Juana se presenta con la humildad esperada de una religiosa, pero dentro de esa obediencia construye una respuesta poderosa. Explica que su deseo de aprender no nació de la vanidad, sino de una inclinación imposible de apagar.

Cuenta que incluso cuando le prohibían estudiar libros continuaba aprendiendo. Mientras cocinaba, observaba cómo reaccionaban los ingredientes. Al contemplar un trompo, una figura o el movimiento del agua, encontraba problemas de geometría y física.

El mundo entero se convertía en una escuela.

También recordó a mujeres sabias de la tradición bíblica y clásica para demostrar que el conocimiento femenino no era contrario a la historia ni a la religión. Defendió especialmente que las mujeres educadas enseñaran a otras mujeres, evitando así situaciones que la propia sociedad consideraba moralmente problemáticas.

No exigió abiertamente igualdad política en el sentido contemporáneo. Escribía dentro de los límites religiosos y retóricos de su época. Sin embargo, expuso la contradicción central de un sistema que admiraba su inteligencia mientras intentaba controlar su uso.

Su mayor falta no era saber demasiado.

Era demostrar que una mujer podía pensar sin pedir disculpas.

Sor Juana escribiendo la Respuesta a Sor Filotea
La Respuesta convirtió su autobiografía en una defensa del derecho femenino al conocimiento. Recreación visual generada por IA.

El misterio del silencio

Después de la Respuesta, la producción pública de Sor Juana disminuyó. Hacia 1693 y 1694 renovó sus votos religiosos, se reconcilió con su antiguo confesor, Antonio Núñez de Miranda, y firmó declaraciones penitenciales.

También se desprendió de libros, instrumentos musicales y objetos científicos. Según testimonios cercanos a su época, los bienes fueron vendidos y el dinero destinado a los pobres.

Durante mucho tiempo, este desenlace se narró de forma sencilla: las autoridades eclesiásticas la obligaron a abandonar el conocimiento y confiscaron su biblioteca. La realidad documental es menos clara.

Sor Juana vivía bajo una presión religiosa e institucional indudable. El arzobispo Francisco de Aguiar y Seijas desconfiaba del teatro y de ciertos espacios de autonomía femenina. La polémica teológica había expuesto públicamente a la escritora. Además, su margen de protección política se había reducido.

Pero no se conserva una orden directa que le prohíba escribir, ni puede descartarse por completo que atravesara una transformación espiritual propia. También se han propuesto factores económicos y políticos relacionados con las crisis de la Nueva España durante aquellos años.

Su silencio pudo contener obediencia, agotamiento, presión y convicción religiosa al mismo tiempo.

Presentarla únicamente como una víctima sin voluntad sería tan reductivo como afirmar que renunció libremente sin enfrentar coerción.

Sor Juana separándose de su biblioteca e instrumentos
Su silencio final pudo reunir presión, agotamiento, obediencia y convicción religiosa al mismo tiempo. Recreación visual generada por IA.

Morir cuidando a las demás

En 1695, una epidemia se extendió por el convento de San Jerónimo. Sor Juana atendió a las religiosas enfermas y terminó contagiándose.

Murió el 17 de abril de 1695. Tenía aproximadamente cuarenta y seis años si se acepta la fecha de nacimiento de 1648.

Su muerte no borró sus libros. Parte importante de su obra había sido publicada en España gracias al apoyo de mujeres de la nobleza, especialmente María Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, antigua virreina de la Nueva España. Esa circulación permitió que poemas, obras teatrales y textos en prosa sobrevivieran más allá del convento.

Sor Juana escribió desde una herida que no era solamente personal. Era la herida de poseer una inteligencia celebrada como prodigio, pero vigilada como peligro. La corte admiró su conocimiento. La Iglesia aprovechó su talento. Los lectores elogiaron su poesía. Sin embargo, cada reconocimiento incluía una advertencia sobre los límites que no debía cruzar.

Ella los cruzó de todos modos.

Cuando intentaron reducirla al silencio, ya había dejado escrita su defensa.

No pidió permiso para tener una mente.

Explicó por qué nadie tenía derecho a obligarla a vaciarla.

Sor Juana cuidando a religiosas enfermas durante la epidemia de 1695
Sor Juana murió después de atender a las religiosas enfermas durante una epidemia. Recreación visual generada por IA.
Los libros y manuscritos de Sor Juana sobreviviendo más allá del convento
Su obra sobrevivió porque una parte importante ya circulaba impresa fuera de la Nueva España. Recreación visual generada por IA.

Referencias bibliográficas

  • Arenal, E., & Powell, A. (Eds. & Trans.). (2009). The answer/La respuesta: Including Sor Filotea’s letter and new selected poems (Expanded ed.). The Feminist Press.
  • Bergmann, E. L., & Schlau, S. (Eds.). (2017). The Routledge research companion to the works of Sor Juana Inés de la Cruz. Routledge.
  • Cruz, Sor Juana Inés de la. (1951–1957). Obras completas (A. Méndez Plancarte & A. G. Salceda, Eds.). Fondo de Cultura Económica.
  • Glantz, M. (1995). Sor Juana Inés de la Cruz: ¿Hagiografía o autobiografía? Grijalbo.
  • Merrim, S. M. (1999). Early modern women’s writing and Sor Juana Inés de la Cruz. Vanderbilt University Press.
  • Paz, O. (1988). Sor Juana Inés de la Cruz, o las trampas de la fe. Fondo de Cultura Económica.
  • Project Vox. (s. f.). Sor Juana (1648–1695). Duke University. projectvox.org
  • Universidad Nacional Autónoma de México. (2023). La Carta atenagórica de Sor Juana: Textos inéditos de una polémica. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. libros.iib.unam.mx
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