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Marie Curie: la científica que llevó los rayos X hasta el frente de batalla
Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, Marie Curie ya había ganado dos premios Nobel y transformado nuestra comprensión de la materia. Podía haberse protegido dentro de un laboratorio. En cambio, aprendió a conducir, convirtió automóviles en salas radiológicas y llevó los rayos X hasta hospitales próximos al frente.

Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, Marie Curie ya había ganado dos premios Nobel y transformado nuestra comprensión de la materia. Podía haberse protegido dentro de un laboratorio. En cambio, aprendió a conducir, convirtió automóviles en salas radiológicas y llevó los rayos X hasta hospitales próximos al frente.
Aquellos vehículos, conocidos después como petites Curies, permitían a los médicos localizar balas y fragmentos de metralla antes de operar. Curie no se limitó a promover la idea: consiguió equipos, estudió anatomía, reparó máquinas, formó técnicas y recorrió personalmente zonas militares.
La mujer que había descubierto elementos invisibles dentro de un mineral utilizó después otra radiación invisible para mirar dentro del cuerpo humano.
Una estudiante clandestina en una ciudad ocupada
Maria Salomea Skłodowska nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, cuando gran parte de Polonia se encontraba bajo el dominio del Imperio ruso. Las autoridades intentaban debilitar la cultura polaca y controlaban la educación. Su familia, formada por maestros, valoraba profundamente el conocimiento, pero sufrió dificultades económicas y pérdidas personales.
Las universidades polacas no admitían mujeres. Maria asistió a cursos clandestinos de la llamada Universidad Volante, una institución secreta cuyas clases cambiaban de lugar para escapar de la vigilancia rusa.
Ella y su hermana mayor, Bronisława, establecieron un pacto. Maria trabajaría como institutriz para financiar los estudios de medicina de su hermana en París. Más tarde, Bronisława la ayudaría a estudiar allí.
Durante varios años, Maria enseñó a los hijos de familias acomodadas mientras estudiaba por su cuenta durante las noches. En 1891, con veinticuatro años, viajó finalmente a París. Allí comenzó a utilizar la forma francesa de su nombre: Marie.

Hambre, frío y ciencia en París
Marie se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Universidad de París. Vivía en habitaciones pequeñas, estudiaba hasta altas horas de la noche y en ocasiones carecía de suficiente comida y calefacción. En 1893 obtuvo el primer puesto en su licenciatura en física y, al año siguiente, consiguió una segunda titulación en matemáticas.
Mientras buscaba un laboratorio donde estudiar las propiedades magnéticas de distintos aceros, conoció a Pierre Curie. Él ya era un físico respetado por sus investigaciones sobre cristales, magnetismo y piezoelectricidad. Se casaron en 1895.
Su relación fue tanto personal como científica. Pierre reconoció rápidamente la capacidad intelectual de Marie y, cuando ella inició una investigación prometedora sobre una extraña radiación, decidió colaborar con ella.
El punto de partida había sido el trabajo de Henri Becquerel, quien descubrió que las sales de uranio emitían espontáneamente una radiación capaz de atravesar materiales opacos. Curie eligió ese fenómeno como tema para su tesis doctoral.
En lugar de observar únicamente placas fotográficas, utilizó un sensible electrómetro desarrollado por Pierre y su hermano Jacques. Así podía medir la electricidad producida cuando la radiación ionizaba el aire.
Sus resultados indicaron que la emisión no dependía de la forma química del uranio. Era una propiedad del propio átomo, una idea revolucionaria en una época en que muchos científicos todavía consideraban el átomo indivisible.
Marie denominó al fenómeno radiactividad.

Dos elementos escondidos en una roca
Al estudiar la pechblenda, un mineral rico en uranio, Curie descubrió que emitía más radiación de la que podía explicar la cantidad de uranio presente. Dedujo que debía contener otros elementos desconocidos, mucho más activos.
En julio de 1898, Marie y Pierre anunciaron la existencia de uno de ellos. Lo llamaron polonio en homenaje a Polonia, que entonces no existía como Estado independiente. El nombre transformaba un descubrimiento científico en una discreta declaración política.
En diciembre anunciaron un segundo elemento: el radio.
Demostrar su existencia exigía mucho más que detectar radiación. Los Curie trabajaron en condiciones rudimentarias, procesando grandes cantidades de residuos minerales en un cobertizo mal ventilado. Marie removía recipientes pesados y realizaba repetidas separaciones químicas para concentrar cantidades diminutas de material radiactivo.
En 1902 logró obtener suficiente compuesto de radio para determinar su masa atómica. Aquel resultado confirmó que no se trataba de una anomalía del uranio, sino de un nuevo elemento.
Marie y Pierre decidieron no patentar el procedimiento para separar el radio. Consideraban que el conocimiento científico debía permanecer disponible para otros investigadores y médicos. Esa decisión facilitó la investigación, aunque también permitió que empresas privadas vendieran productos de radio sin controles adecuados.

Dos premios Nobel y una puerta que seguía cerrada
En 1903, Henri Becquerel, Pierre Curie y Marie Curie recibieron el Premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre los fenómenos de radiación. Marie se convirtió en la primera mujer galardonada con un Nobel.
Su inclusión no había sido automática. La propuesta inicial valorada por el comité solo mencionaba a Becquerel y Pierre. El matemático sueco Gösta Mittag-Leffler informó a Pierre, quien insistió en que la contribución de Marie debía reconocerse (Nobel Prize Outreach, s. f.).
En 1906, Pierre murió después de ser atropellado por un carruaje en una calle de París. La Universidad de París ofreció a Marie ocupar la cátedra que él había dejado. Se convirtió así en la primera mujer que enseñó como profesora en la Sorbona.
Cinco años después recibió el Premio Nobel de Química por el descubrimiento del radio y el polonio, el aislamiento del radio y el estudio de sus compuestos. Se convirtió en la primera persona en ganar dos Nobel y continúa siendo la única que los ha recibido en dos disciplinas científicas diferentes.
Ese mismo año, la Academia de Ciencias de Francia rechazó su candidatura como miembro. Una mujer con dos premios Nobel todavía podía ser considerada inadecuada para una de las principales instituciones científicas del país.

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Una científica frente a una guerra
Cuando Alemania invadió Francia en 1914, los hospitales militares se llenaron de soldados con heridas producidas por proyectiles y metralla. Los cirujanos debían operar muchas veces sin conocer la ubicación exacta de los objetos dentro del cuerpo.
Los equipos de rayos X existían, pero eran grandes, escasos y se encontraban principalmente lejos del frente. Curie comprendió que la tecnología debía trasladarse hasta los heridos.
Consiguió automóviles, generadores eléctricos, equipos radiológicos y apoyo de organizaciones como la Cruz Roja. Los vehículos podían desplazarse entre hospitales y producir imágenes que mostraban fracturas o fragmentos metálicos. Alrededor de veinte unidades móviles llegaron a funcionar durante la guerra, complementadas por numerosas instalaciones radiológicas fijas (American Institute of Physics, s. f.).
Los soldados terminaron llamando a aquellos vehículos petites Curies: pequeñas Curies.
Marie tenía conocimientos de física, pero necesitaba aprender medicina práctica. Estudió anatomía y técnicas radiológicas. También aprendió mecánica y conducción, pues los automóviles de la época sufrían averías frecuentes y no siempre había especialistas disponibles.
Su hija Irène, que tenía diecisiete años al comenzar la guerra, la acompañó y trabajó como técnica radiológica en hospitales militares. Más tarde recibiría, junto con Frédéric Joliot-Curie, el Premio Nobel de Química de 1935 por el descubrimiento de la radiactividad artificial.

Las mujeres formadas para mirar bajo la piel
Curie comprendió que las máquinas no servirían sin personal capacitado. Creó cursos intensivos para preparar técnicas radiológicas. Las alumnas estudiaban electricidad, anatomía, fotografía, geometría y funcionamiento de los tubos de rayos X.
Formó a más de un centenar de mujeres, muchas de las cuales fueron destinadas a hospitales militares. En una época en que las oportunidades científicas para las mujeres eran limitadas, Curie creó un espacio en el que podían manejar tecnología avanzada y asumir responsabilidades clínicas.
El número exacto de soldados examinados mediante las instalaciones que impulsó varía según las fuentes. Lo históricamente seguro es que la radiología permitió realizar diagnósticos más precisos y evitar operaciones exploratorias innecesarias. Su contribución no consistió en “inventar” los rayos X —descubiertos por Wilhelm Röntgen en 1895—, sino en organizar su aplicación móvil y sistemática en condiciones de guerra.
Curie tampoco estaba protegida adecuadamente. Los peligros de la exposición repetida a la radiación todavía no se comprendían por completo. Ella y las técnicas trabajaban cerca de equipos sin el blindaje ni los instrumentos de medición actuales.

Marie Curie, la medicina y el legado de la radiación
Este video amplía cómo sus investigaciones transformaron el diagnóstico médico, la formación de técnicas radiológicas y el uso de la radiación después de la guerra.
La radiación que iluminaba y destruía
Después de la guerra, Curie regresó a la investigación y promovió el uso médico del radio, especialmente en el tratamiento de tumores. Dirigió el Instituto del Radio de París y apoyó la creación de otra institución en Varsovia.
Su fama no siempre se traducía en recursos. En 1921, la periodista estadounidense Marie Meloney organizó una campaña entre mujeres de Estados Unidos para comprarle un gramo de radio destinado a su laboratorio. El presidente Warren G. Harding se lo entregó durante una ceremonia en la Casa Blanca.
Marie Curie murió el 4 de julio de 1934 en el sanatorio de Sancellemoz, en Francia. La causa fue una anemia aplásica, enfermedad en la que la médula ósea deja de producir suficientes células sanguíneas. La exposición acumulada a radiación durante décadas —tanto en el laboratorio como con equipos de rayos X durante la guerra— es considerada la causa más probable (Nobel Prize Outreach, s. f.).
No murió simplemente por “tocar radio” una vez. Fue el resultado probable de años de trabajo en una época anterior a los protocolos modernos de seguridad radiológica.

La ciencia convertida en servicio
Marie Curie suele aparecer en fotografías como una mujer seria junto a instrumentos de laboratorio. Esa imagen puede hacernos olvidar que también fue una organizadora capaz de transformar un descubrimiento físico en una red médica.
No se limitó a encontrar el polonio y el radio. Cambió la concepción del átomo, abrió caminos para la física nuclear y la medicina radiológica, dirigió instituciones y preparó a otras mujeres para entrar en espacios científicos reservados casi exclusivamente a los hombres.
Durante la guerra pudo haber protegido sus premios, su laboratorio y su prestigio. Eligió llevar la ciencia por carreteras destruidas hasta lugares donde podía salvar cuerpos concretos.
Los rayos que había estudiado eran invisibles. Su efecto sobre la historia no lo fue.
Referencias
- American Institute of Physics. (s. f.). Marie Curie: War duty, 1914–1919. https://history.aip.org/exhibits/curie/war1.htm
- British Red Cross. (2020). Marie Curie, invisible light, the Red Cross and the First World War. https://www.redcross.org.uk/stories/our-movement/our-history/marie-curie-invisible-light-the-red-cross-and-wwi
- Curie, È. (1937). Madame Curie: A biography. Doubleday, Doran & Company.
- Institut Curie. (s. f.). The legacy of Marie Curie: Perpetuating the spirit of a pioneer. https://institut-curie.org/marie-curie
- Nobel Prize Outreach. (s. f.). Marie Curie: Biographical. https://www.nobelprize.org/prizes/physics/1903/marie-curie/biographical/
- Nobel Prize Outreach. (s. f.). The Nobel Prize in Chemistry 1911. https://www.nobelprize.org/prizes/chemistry/1911/summary/
- Quinn, S. (1995). Marie Curie: A life. Simon & Schuster.
- Escrito y editado por
- Roberto Carlos Gonzalez Reyes
- Publicado
La bibliografía al final de esta historia forma parte de su registro editorial.
