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⚡ Jugar ahoraBenazir Bhutto: democracia, dinastía y los límites del poder
Dos mandatos como primera ministra, una dinastía política y un asesinato: sus logros, contradicciones y las conclusiones de la investigación de la ONU.

Su padre fue derrocado y ahorcado. Uno de sus hermanos murió en circunstancias no esclarecidas y otro por disparos policiales. Ella fue encarcelada, exiliada, elegida primera ministra dos veces y asesinada después de regresar a un país que sabía que podía matarla.
Benazir Bhutto rompió una barrera que parecía imposible: en 1988 se convirtió en la primera mujer elegida para dirigir el gobierno de un país de mayoría musulmana. Su victoria transformó la historia política de Pakistán y la convirtió en un símbolo internacional. Pero su trayectoria también estuvo rodeada por acusaciones de corrupción, luchas familiares, negociaciones con militares y preguntas que todavía persisten sobre su asesinato.
Fue víctima del poder, pero también heredera y participante de una estructura política dominada por dinastías. Para entenderla es necesario resistirse a dos imágenes igualmente incompletas: la santa democrática sin errores y la oportunista que solo buscaba recuperar el gobierno.
Benazir Bhutto
Democracia y dinastía
Antes del gobierno: presidenta de la Oxford Union
El archivo de la Oxford Union conserva el programa original del trimestre Hilary de 1977, que identifica a Benazir Bhutto como presidenta. Sus debates y actividades documentan una etapa temprana de su vida pública, anterior a la prisión, el exilio y el gobierno. Es un registro institucional contemporáneo, no un recuerdo posterior. La ilustración con IA es simbólica: no representa la Oxford Union ni reproduce el documento.
La hija destinada a otro futuro
Benazir Bhutto nació en Karachi el 21 de junio de 1953. Era la hija mayor de Zulfikar Ali Bhutto, fundador del Partido Popular de Pakistán —PPP— y futuro presidente y primer ministro, y de Nusrat Bhutto, de origen iraní-kurdo.
Creció dentro de una de las familias terratenientes más poderosas de Sindh. Su infancia estuvo marcada por privilegios inaccesibles para la mayoría de las mujeres pakistaníes. Estudió en centros católicos de Karachi y Rawalpindi y, con solo dieciséis años, viajó a Estados Unidos para estudiar en Radcliffe College y Harvard.
Posteriormente continuó su formación en la Universidad de Oxford, donde estudió Filosofía, Política y Economía y realizó estudios de posgrado relacionados con el derecho y la diplomacia. Fue elegida presidenta de la Oxford Union en 1976 y ejerció durante el trimestre Hilary de 1977, como documenta el programa original de la sociedad (Oxford Union, 1977).
Su padre esperaba que ingresara en el servicio diplomático. Benazir parecía preparada para representar a Pakistán en recepciones internacionales, no para soportar prisiones, campañas electorales y atentados.
Todo cambió pocos días después de su regreso en 1977.

El golpe que destruyó a la familia
El 5 de julio de 1977, el general Muhammad Zia-ul-Haq derrocó al gobierno de Zulfikar Ali Bhutto. Zia había sido nombrado jefe del Ejército por el propio primer ministro, quien creyó que sería un oficial manejable y leal.
Zulfikar fue acusado de participar en la conspiración para asesinar al padre de un adversario político. El proceso judicial estuvo rodeado de denuncias de presión política y graves irregularidades. La Corte Suprema confirmó la condena por una estrecha mayoría de cuatro votos contra tres.
Fue ahorcado el 4 de abril de 1979.
Benazir, que tenía veinticinco años, visitó a su padre por última vez antes de la ejecución, pero no pudo asistir a su entierro. Durante los años siguientes pasó repetidamente por cárceles, confinamientos solitarios y arrestos domiciliarios. Las autoridades militares buscaban impedir que el apellido Bhutto se convirtiera en el centro de la oposición.
Ocurrió lo contrario. El encierro transformó a la joven educada en Occidente en heredera política de su padre.
En 1984 recibió autorización para viajar al extranjero por motivos médicos y se instaló en Londres. Desde allí ayudó a dirigir el Movimiento para la Restauración de la Democracia contra la dictadura de Zia. Cuando regresó a Lahore en abril de 1986, fue recibida por una multitud gigantesca. Su llegada demostró que el régimen había logrado encarcelarla, pero no eliminar el poder simbólico de su familia.

Una familia perseguida por la muerte
El poder político de los Bhutto siempre estuvo acompañado por la tragedia.
En julio de 1985, Shahnawaz Bhutto, el hermano menor de Benazir, apareció muerto en un apartamento de Cannes, Francia. Las circunstancias nunca fueron aclaradas satisfactoriamente. Su esposa fue investigada y posteriormente puesta en libertad. La familia sospechó que había sido envenenado, pero no se demostró una conspiración del régimen pakistaní.
Su otro hermano, Mir Murtaza Bhutto, había optado por una resistencia más radical contra Zia y estuvo vinculado a la organización armada Al-Zulfikar. Años después regresó a Pakistán y desafió el liderazgo de Benazir dentro de la familia y del PPP.
La historia de los Bhutto no fue únicamente la de una familia perseguida desde fuera. También fue la de una dinastía desgarrada por sus propias disputas.
El matrimonio que se convirtió en problema político
En diciembre de 1987, Benazir contrajo matrimonio con Asif Ali Zardari. La unión fue organizada con la participación de ambas familias, aunque ella aceptó el compromiso y explicó que estar casada facilitaría su vida política en una sociedad conservadora.
Zardari se convirtió en una figura inseparable de su trayectoria. Para sus partidarios fue el esposo de una dirigente constantemente atacada. Para sus adversarios representó el nepotismo y la utilización privada del gobierno. La prensa terminaría llamándolo “Mister Ten Percent”, en referencia a presuntas comisiones obtenidas en contratos oficiales.
Muchas de las acusaciones contra la pareja fueron utilizadas políticamente y algunos procesos fueron anulados o no produjeron condenas definitivas. Sin embargo, la repetición de investigaciones, las actividades empresariales de Zardari y la falta de transparencia causaron un daño profundo a la credibilidad de Benazir.
Negar que existió una persecución política sería ingenuo. Afirmar que todas las sospechas fueron inventadas también simplificaría demasiado el problema.
La victoria que rompió una barrera
El general Zia murió en un accidente aéreo en agosto de 1988. En las elecciones celebradas ese año, el PPP obtuvo el mayor número de escaños en la Asamblea Nacional. El 2 de diciembre, Benazir Bhutto juró el cargo de primera ministra.
Tenía treinta y cinco años.
Su ascenso fue histórico. En una nación donde sectores religiosos afirmaban que una mujer no debía gobernar a los hombres, Benazir encabezó un gobierno elegido en las urnas. Su victoria cuestionó la idea de que la participación política femenina era incompatible con una sociedad musulmana.
Sin embargo, el cargo que recibió era mucho más débil de lo que parecía. El presidente conservaba la facultad constitucional de destituir al gobierno. El Ejército controlaba áreas fundamentales como la seguridad, Afganistán y la política nuclear. Los servicios de inteligencia mantenían una enorme influencia, mientras la oposición de Nawaz Sharif dominaba Punjab, la provincia más poblada.
Benazir era primera ministra, pero no controlaba por completo el Estado.
Su gobierno intentó ampliar la libertad de prensa, liberar presos políticos y mejorar la presencia de las mujeres en las instituciones. No obstante, las luchas con el presidente, la oposición y los militares paralizaron muchas iniciativas. En agosto de 1990, el presidente Ghulam Ishaq Khan destituyó su gobierno, alegando corrupción, nepotismo y mala administración.
Las acusaciones eran graves, pero la destitución también reflejaba una estructura constitucional que permitía a un presidente, respaldado por poderes no elegidos, deshacer el resultado de las urnas.

Gobernar y dar a luz
Durante su primer mandato, Benazir tuvo que afrontar una experiencia sin precedentes para una dirigente elegida en la era moderna.
El 25 de enero de 1990 dio a luz a su hija Bakhtawar mediante una cesárea. Se convirtió así en la primera jefa de gobierno elegida de la era moderna que dio a luz mientras ocupaba el cargo. La prensa de la época documentó aquel nacimiento (United Press International, 1990).
Este hecho, frecuentemente eclipsado por los acontecimientos más trágicos de su vida, mostró cómo su cuerpo se había convertido también en un campo de batalla político. Ningún primer ministro varón habría tenido que demostrar que la paternidad no lo incapacitaba para gobernar.
El segundo gobierno y las promesas incompletas
Benazir regresó al cargo el 19 de octubre de 1993 después de que el PPP obtuviera una pluralidad parlamentaria. Su segundo gobierno fue más experimentado, pero continuó limitado por conflictos institucionales, violencia sectaria y étnica, problemas económicos y sospechas de corrupción.
Uno de sus legados más duraderos fue el Programa Nacional de Planificación Familiar y Atención Primaria, conocido como Lady Health Workers Programme, iniciado en 1994. El proyecto formó a mujeres de las propias comunidades para prestar servicios básicos de salud, vacunación, educación sanitaria y planificación familiar, especialmente en áreas rurales con poco acceso médico (Hafeez et al., 2011).
El programa sobrevivió a su gobierno y llegó a desplegar decenas de miles de trabajadoras. Fue una política menos espectacular que sus discursos internacionales, pero afectó de forma directa la vida cotidiana de millones de personas.
Al mismo tiempo, su administración fue criticada por no frenar los abusos policiales y las ejecuciones extrajudiciales durante las operaciones de seguridad en Karachi. La imagen democrática de Benazir convivía con prácticas estatales difíciles de justificar.

El hermano muerto frente a la casa familiar
El 20 de septiembre de 1996, Mir Murtaza Bhutto murió junto con varios seguidores durante un enfrentamiento con la policía cerca de la residencia familiar de Karachi.
Las circunstancias generaron sospechas inmediatas. Murtaza era rival de Asif Ali Zardari y cuestionaba públicamente a Benazir. Los partidarios del hermano acusaron al gobierno de responsabilidad, mientras Benazir afirmó que el asesinato pretendía destruir a su administración y dividir definitivamente a la familia.
No se ha demostrado que ella ordenara la muerte de Murtaza. Pero el hecho de que su hermano muriera por disparos policiales mientras ella era primera ministra resultó políticamente devastador.
Su propia madre, Nusrat, se había alineado con Murtaza en la disputa familiar. El dolor dejó de ser privado y se convirtió en arma política.
Seis semanas después, el presidente Farooq Leghari destituyó el gobierno de Benazir. Citó corrupción, mala gestión económica y responsabilidad gubernamental en abusos policiales, incluido el caso de Murtaza. Su segundo mandato terminó el 5 de noviembre de 1996 (National Assembly of Pakistan, s. f.).
El exilio y el acuerdo con un general
Benazir salió de Pakistán en 1999, antes del golpe de Pervez Musharraf de octubre. Ante numerosos procesos judiciales, permaneció durante años entre Dubái y Londres. Desde el exilio continuó dirigiendo el PPP y presentándose como alternativa democrática tanto al gobierno militar como al extremismo islamista.
En 2007, Musharraf enfrentaba una profunda crisis política. Bajo mediación y presión internacional, representantes de ambos negociaron una posible transición. La Ordenanza de Reconciliación Nacional retiró determinados procesos por corrupción contra Benazir, Zardari y otros políticos.
Para sus seguidores, el acuerdo abría el camino hacia elecciones civiles. Para sus críticos, demostraba que Benazir estaba dispuesta a negociar con un dictador para recuperar el poder.
La realidad contenía ambos elementos. Ella necesitaba garantías para regresar; Musharraf necesitaba legitimidad civil. No eran aliados naturales, sino adversarios que creían poder utilizarse mutuamente.
El primer atentado
Benazir regresó a Karachi el 18 de octubre de 2007 después de casi nueve años fuera del país. Una multitud acompañó lentamente su vehículo blindado por las calles.
Durante la madrugada, dos explosiones golpearon la procesión. Más de 130 personas murieron y centenares resultaron heridas. Benazir sobrevivió porque se encontraba dentro de la parte protegida del vehículo.
El ataque confirmó que las amenazas eran reales. Militantes vinculados a Al Qaeda y al movimiento talibán pakistaní la consideraban enemiga por su defensa pública de la democracia, su condición de mujer y su disposición a colaborar con Occidente.
Benazir también sospechaba de elementos relacionados con el aparato estatal y había solicitado mayor seguridad, vehículos especializados e inhibidores de señales. No todas sus peticiones fueron atendidas adecuadamente (Comisión de Investigación de las Naciones Unidas, 2010).
Pudo abandonar nuevamente el país. Decidió continuar la campaña.

El último mitin
El 27 de diciembre de 2007 participó en un acto electoral en Liaquat Bagh, Rawalpindi. Al terminar, entró en su vehículo blindado, pero se levantó a través de la escotilla del techo para saludar a sus seguidores.
Un atacante se aproximó, disparó varias veces y posteriormente detonó explosivos. Benazir sufrió una lesión mortal en la cabeza y fue trasladada al hospital, donde se declaró su muerte.
Las versiones oficiales sobre la causa exacta cambiaron. Se habló de disparos y después de una lesión causada por el impacto con la escotilla tras la explosión. No se realizó una autopsia. La ONU señaló que la policía tenía la obligación de solicitarla sin necesitar autorización familiar y rechazó trasladar a Zardari la responsabilidad por esa omisión. La falta del examen limitó las conclusiones forenses.
Todavía más grave fue lo ocurrido en el lugar del atentado: la policía lavó la escena con mangueras poco después de la explosión, destruyendo sangre, fragmentos y otras pruebas potenciales.
El gobierno responsabilizó rápidamente al dirigente talibán Baitullah Mehsud. Una investigación británica apoyó la conclusión de que la lesión en la cabeza se produjo como consecuencia de la explosión y el impacto con la escotilla, pero no determinó quién organizó el asesinato.

Lo que concluyó realmente la ONU
La comisión de investigación de las Naciones Unidas, cuyo informe fue publicado en 2010, no identificó de manera definitiva a los autores intelectuales. Concluyó que el asesinato podía haberse evitado si el gobierno de Musharraf, las autoridades locales y la propia dirección del PPP hubieran adoptado medidas de seguridad adecuadas.
El informe también consideró que la investigación policial había sido obstaculizada deliberadamente. La limpieza de la escena causó un daño irreparable, la recogida de pruebas fue insuficiente y las agencias de inteligencia limitaron la capacidad de los investigadores.
La comisión señaló la posible participación de redes yihadistas, pero advirtió que el atentado probablemente requería una estructura más amplia que el atacante suicida. También indicó que diversas personas dentro del establishment pakistaní podían sentirse amenazadas por el regreso de Benazir.
El informe no demostró que Musharraf, el Ejército o una agencia concreta hubieran ordenado el crimen. Tampoco dio por resuelto el caso mediante la atribución inicial a los talibanes: dejó en manos de las autoridades pakistaníes la investigación penal de quienes lo concibieron, ordenaron y ejecutaron (Comisión de Investigación de las Naciones Unidas, 2010).

La mujer y la dinastía
Benazir Bhutto fue una dirigente democrática que enfrentó una dictadura y pagó años de prisión por hacerlo. También fue heredera de una poderosa familia terrateniente y dirigió un partido donde el apellido funcionaba como fuente de autoridad.
Abrió espacios para las mujeres, defendió elecciones y desafió a sectores religiosos extremistas. Pero sus gobiernos no eliminaron el clientelismo, estuvieron rodeados por acusaciones de corrupción y toleraron graves abusos de las fuerzas de seguridad.
Su muerte fortaleció todavía más la dinastía. Asif Ali Zardari asumió el liderazgo político del PPP y posteriormente llegó a la presidencia. El hijo de ambos, Bilawal Bhutto Zardari, heredó la dirección del partido.
La mujer que luchó para que el gobierno procediera de las urnas nunca consiguió liberar completamente su movimiento de la sucesión familiar.
Benazir regresó a Pakistán pese a las amenazas. Su trayectoria permite observar la distancia entre ganar unas elecciones y controlar las instituciones que deben protegerlas. Rompió una barrera histórica para las mujeres, pero no pudo deshacer las redes de poder que limitaron sus gobiernos y rodearon su muerte.

Referencias
- Bhutto, B. (1988). Daughter of the East: An autobiography. Hamish Hamilton.
- Oxford Union. (1977). Hilary term 1977: President Benazir Bhutto. Oxford Union Library and Archives. Ver fuente
- National Assembly of Pakistan. (n.d.). Prime ministers. Ver fuente
- United Nations Commission of Inquiry. (2010). Report into the facts and circumstances of the assassination of former Pakistani Prime Minister Mohtarma Benazir Bhutto (S/2010/191). United Nations. Ver fuente
- Hafeez, A., Mohamud, B. K., Shiekh, M. R., Shah, S. A. I., & Jooma, R. (2011). Lady health workers programme in Pakistan: Challenges, achievements and the way forward. Journal of the Pakistan Medical Association, 61(3), 210–215. Ver fuente
- United Press International. (1990, January 25). Bhutto gives birth to girl. Ver fuente
- Muñoz, H. (2013). Getting away with murder: Benazir Bhutto’s assassination and the politics of Pakistan. W. W. Norton.
- Escrito y editado por
- Roberto Carlos Gonzalez Reyes
- Publicado
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