Willis Carrier y el aire acondicionado que nació porque una imprenta no podía alinear sus colores
Uno de los inventos más importantes del siglo XX no nació para refrescar personas. Nació porque el calor y la humedad estaban arruinando revistas.

Durante el verano de 1902, la imprenta Sackett & Wilhelms de Brooklyn enfrentaba un problema que parecía imposible de resolver.
La humedad modificaba ligeramente el tamaño del papel.
Cuando los impresores aplicaban sucesivamente las tintas amarilla, roja, azul y negra, las imágenes ya no coincidían. Los colores aparecían desplazados y grandes cantidades de material debían desecharse.
La compañía Buffalo Forge envió a uno de sus jóvenes ingenieros para buscar una solución.
Se llamaba Willis Haviland Carrier, tenía 25 años y apenas llevaba alrededor de un año trabajando para la empresa.
Carrier comprendió que no bastaba con reducir la temperatura. Necesitaba controlar también la cantidad de humedad contenida en el aire.
El 17 de julio de 1902, Carrier preparó los planos de un sistema destinado a controlar el ambiente de la imprenta.
El aparato hacía circular el aire por serpentines enfriados. Al reducirse su temperatura, parte del vapor de agua se condensaba y podía retirarse.
La instalación incluía también tuberías de vapor para añadir humedad cuando fuera necesario.
La imprenta pudo mantener estable el tamaño del papel y alinear correctamente las diferentes tintas.

Según una conocida narración difundida posteriormente por su compañía, a finales del otoño de 1902 —después de aquellos primeros planos— Carrier tuvo otra idea decisiva mientras esperaba un tren en una estación de Pittsburgh cubierta por la niebla.
Carrier observó que aquella niebla era aire saturado de humedad. Pensó que, si conseguía controlar la temperatura del aire en ese estado, podría obtener la cantidad de humedad que necesitaba.
La escena de la estación forma parte de la historia tradicional de la empresa. Se relaciona con el desarrollo posterior de su sistema por pulverización de agua, completado en 1903, que permitía lavar el aire y humidificarlo o deshumidificarlo.
El trabajo técnico convirtió el tratamiento del aire en el control de cuatro propiedades esenciales: temperatura, humedad, circulación y limpieza.
Todavía no se utilizaba ampliamente la expresión “aire acondicionado”. Ese término fue acuñado en 1906 por el ingeniero textil Stuart Cramer.
Tampoco fue Carrier la primera persona que intentó enfriar artificialmente un espacio. Décadas antes, inventores como John Gorrie habían experimentado con hielo y refrigeración mecánica.
La aportación de Carrier consistió en convertir el tratamiento del aire en un sistema controlable y científicamente calculado.
En 1911 presentó sus Fórmulas psicrométricas racionales, mediante las cuales relacionó matemáticamente la temperatura y la humedad. El trabajo se convirtió en una referencia fundamental para generaciones de ingenieros.
La tecnología comenzó a extenderse por fábricas textiles, laboratorios farmacéuticos, plantas de tabaco, productoras cinematográficas y fábricas de alimentos.
El público pensaría después que el aire acondicionado había sido creado para escapar del verano.
En realidad, comenzó como la respuesta de un joven ingeniero a unas hojas de papel que cambiaban de tamaño y a cuatro tintas que se negaban a permanecer alineadas.
¿Imaginabas que el aire acondicionado moderno había nacido para imprimir correctamente una revista?
