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Amelia Earhart: la mujer que quiso medir el mundo desde el aire y desapareció en su última frontera
Amelia Earhart y Fred Noonan desaparecieron mientras buscaban la diminuta isla Howland en el Pacífico.

El 2 de julio de 1937, un avión plateado buscaba una isla que apenas sobresalía del océano Pacífico. Dentro viajaban Amelia Earhart y el navegante Fred Noonan. Llevaban casi dieciocho horas en el aire y se aproximaban a Howland, una franja de tierra de poco más de dos kilómetros de longitud. Cerca de la isla, el guardacostas estadounidense Itasca esperaba para guiarlos.
El barco podía escuchar las transmisiones de Amelia, pero ella aparentemente no recibía sus respuestas. Su voz llegaba cada vez con mayor intensidad, señal de que el avión estaba próximo, aunque nadie conseguía verlo. Informó que el combustible comenzaba a escasear. Después comunicó que volaban siguiendo una línea de posición de 157 a 337 grados y que continuarían buscándola hacia el norte y el sur.
Fue el último mensaje claramente identificado.
Amelia Earhart tenía treinta y nueve años. Ya había cruzado el Atlántico dos veces, establecido récords de velocidad y altitud y volado sola sobre trayectos que ningún otro piloto —hombre o mujer— había realizado antes. Pero aquel vuelo no terminó únicamente con su desaparición. También creó uno de los grandes misterios del siglo XX.
Detrás de la leyenda, sin embargo, existió una mujer mucho más compleja que la aventurera sonriente de las fotografías. Amelia convirtió su propia celebridad en un instrumento para desafiar las limitaciones impuestas a las mujeres, aun cuando para hacerlo tuvo que acercarse cada vez más al límite.
El último vuelo de Amelia Earhart
Una vida contada a través de lugares y momentos decisivos
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El Archivo Nacional de Estados Unidos conserva el registro de radio del guardacostas Itasca durante los últimos contactos identificados con el avión de Earhart el 2 de julio de 1937. La imagen de esta ficha es una recreación, no el documento original.
Recreación visual generada con IA; no es un documento histórico.
Una infancia sin manual de instrucciones

Amelia Mary Earhart nació el 24 de julio de 1897 en Atchison, Kansas. Su infancia estuvo marcada por los cambios de residencia, los problemas económicos de su familia y el alcoholismo de su padre. Asistió a seis escuelas secundarias en cuatro años antes de graduarse en Chicago en 1915 (Purdue University Libraries, s. f.).
Desde joven mostró poco interés por el modelo de feminidad que se esperaba de ella. Coleccionaba recortes sobre mujeres que trabajaban en profesiones dominadas por hombres y prefería explorar, escalar y reparar objetos antes que comportarse como una señorita convencional.
Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como auxiliar de enfermería en Toronto, donde atendió a soldados heridos y enfermos. Cerca del hospital había un campo de aviación. Observar aquellos aviones todavía frágiles y peligrosos despertó su curiosidad, aunque el momento decisivo ocurrió después de mudarse a California.
En diciembre de 1920 realizó un breve vuelo como pasajera con el piloto Frank Hawks. La experiencia duró apenas unos minutos, pero cambió su vida. Comenzó a recibir clases de Neta Snook, una de las pocas instructoras de vuelo de Estados Unidos, y trabajó en diferentes empleos para pagarlas.
En 1921 compró un pequeño Kinner Airster amarillo al que llamó The Canary. Al año siguiente ascendió hasta unos 14 000 pies y estableció un récord de altitud para mujeres. Todavía no era una celebridad. Era una joven piloto tratando de permanecer en el aire dentro de una actividad costosa, peligrosa y casi completamente masculina (Rich, 1989).
El vuelo que la hizo famosa sin dejarla pilotar

En 1928, la estadounidense Amy Phipps Guest quiso financiar la primera travesía aérea del Atlántico realizada por una mujer. Inicialmente pensó participar ella misma, pero su familia se opuso. Los organizadores comenzaron entonces a buscar a una mujer con experiencia de vuelo y una imagen adecuada para la prensa.
Amelia recibió una llamada inesperada. Le ofrecían cruzar el océano en el trimotor Friendship, pero los controles quedarían en manos de Wilmer Stultz, acompañado por el mecánico y copiloto Louis Gordon. Amelia formaría parte de la tripulación sin pilotar durante la travesía principal.
El avión despegó de Terranova el 17 de junio de 1928 y llegó a Gales al día siguiente. Amelia se convirtió en la primera mujer que cruzaba el Atlántico en avión, pero se negó a exagerar su participación. Dijo que durante el viaje había sido poco más que equipaje, “como un saco de papas” (Smithsonian National Air and Space Museum, s. f.).
La prensa, sin embargo, encontró en ella una figura irresistible. Su parecido físico con Charles Lindbergh permitió presentarla como una versión femenina del héroe nacional. El editor George Palmer Putnam organizó conferencias, publicaciones y apariciones públicas. Amelia comprendió rápidamente que la fama podía parecer superficial, pero también financiar nuevos vuelos y abrir espacios para otras mujeres.
En lugar de conformarse con el récord que otros habían conseguido llevándola como pasajera, comenzó a prepararse para cruzar el océano bajo sus propias condiciones.
Cinco años después de Lindbergh

El 20 de mayo de 1932, exactamente cinco años después del histórico despegue de Charles Lindbergh, Amelia partió sola desde Harbour Grace, Terranova, en su Lockheed Vega rojo. Pretendía llegar a París, pero el mal tiempo, el hielo sobre las alas, problemas mecánicos y una fuga de combustible hicieron imposible completar el plan original.
Después de casi quince horas aterrizó en un campo próximo a Culmore, en Irlanda del Norte. Un trabajador se acercó y le preguntó de dónde venía. Su respuesta —“de América”— resumía la magnitud de lo ocurrido.
Amelia se convirtió en la primera mujer y la segunda persona, después de Lindbergh, que cruzaba el Atlántico sola y sin escalas. Recibió la Distinguished Flying Cross de Estados Unidos y la Legión de Honor francesa. El vuelo demostró que no era simplemente el rostro publicitario de la expedición de 1928: podía pilotar, navegar, improvisar y sobrevivir sin ayuda (Butler, 1997).
Continuó acumulando récords. En 1932 atravesó Estados Unidos en solitario y sin escalas. En enero de 1935 se convirtió en la primera persona que voló sola desde Hawái hasta el territorio continental estadounidense, una ruta que ya había causado la muerte de otros pilotos. Ese mismo año realizó vuelos entre Los Ángeles y Ciudad de México y entre México y Nueva York.
Cada hazaña aumentaba su prestigio, pero también la obligaba a buscar un desafío mayor.
Más que una mujer dentro de un avión

Amelia comprendía que su imagen tenía un valor político. Defendió públicamente que las mujeres pudieran trabajar, competir y decidir sobre sus propias vidas. Ayudó a fundar The Ninety-Nines, una organización de mujeres piloto cuyo nombre procedía de sus noventa y nueve integrantes fundadoras, y en 1931 fue elegida su primera presidenta (The Ninety-Nines, s. f.).
También diseñó ropa práctica para mujeres y escribió libros y artículos sobre aviación. Estas actividades formaban parte de su negocio, pero también de su proyecto cultural: demostrar que una mujer podía ser moderna, independiente y profesional sin pedir autorización.
Desde 1935 trabajó en Purdue University como asesora sobre carreras profesionales para mujeres y como consultora técnica del Departamento de Aeronáutica. Allí conversaba con estudiantes sobre empleos que tradicionalmente les estaban vedados. Purdue también participó en la financiación del Lockheed Electra 10E que utilizaría para intentar dar la vuelta al mundo (Purdue University Archives and Special Collections, s. f.).
La piloto era plenamente consciente de la tensión entre sus principios y la maquinaria publicitaria que la rodeaba. George Putnam, convertido en su representante, promotor y finalmente esposo, ayudó a construir su figura pública. Pero Amelia trató de conservar el control sobre su nombre, su trabajo y su libertad.
El hecho poco conocido: la carta que entregó antes de casarse

Antes de casarse con George Palmer Putnam el 7 de febrero de 1931, Amelia le entregó una carta extraordinaria. Había rechazado varias veces sus propuestas y aceptó solo después de explicar por escrito las condiciones bajo las cuales entendía el matrimonio.
En ella afirmó que no abandonaría su trabajo ni se sometería a las normas tradicionales de fidelidad y posesión. También pidió que, si después de un año no eran felices, pudieran separarse sin engaños. La carta se conserva en los archivos de Purdue University (Earhart, 1931).
En 1932 escribió además a The New York Times para protestar porque el periódico insistía en llamarla “Mrs. George P. Putnam”. Quería conservar públicamente el nombre Amelia Earhart, no desaparecer bajo el de su esposo.
Estos documentos revelan una dimensión menos conocida de su desafío. Amelia no buscaba libertad únicamente dentro de un avión. También intentaba construir una relación afectiva en la que el matrimonio no significara obediencia ni pérdida de identidad. Sus ideas resultaban radicales en 1931 y continúan siendo una de las expresiones más claras de su independencia.
La vuelta al mundo que comenzó dos veces

Amelia deseaba circunnavegar el planeta siguiendo una ruta cercana al ecuador, más larga y exigente que otras vueltas al mundo realizadas anteriormente. Su Lockheed Electra fue modificado con depósitos adicionales de combustible. Fred Noonan, antiguo navegante de Pan American Airways y experto en navegación oceánica, se incorporó al proyecto.
El primer intento comenzó en marzo de 1937 en dirección oeste. Después de volar hasta Hawái, el Electra sufrió un grave accidente durante el despegue en Luke Field. Nadie murió, pero el avión tuvo que ser enviado nuevamente a California para su reparación.
El segundo intento comenzó en mayo y avanzó hacia el este. Amelia y Noonan atravesaron Estados Unidos, América del Sur, África, la India y el sudeste asiático. Al llegar a Lae, Nueva Guinea, habían completado aproximadamente 35 000 kilómetros. Solo faltaba cruzar el Pacífico.
El siguiente destino era Howland, una isla diminuta situada a unos 4 000 kilómetros de Lae. Encontrarla exigía una navegación extremadamente precisa. Noonan podía calcular la posición mediante las estrellas y el sol, pero las nubes dificultaban las observaciones. La radio debía proporcionar una ayuda adicional; sin embargo, los problemas de frecuencia, coordinación y recepción impidieron establecer una comunicación bidireccional eficaz con el Itasca (Smithsonian National Air and Space Museum, 2025).
La mañana en que podían oírla, pero no encontrarla

Amelia y Noonan despegaron de Lae el 2 de julio de 1937. Mientras se aproximaban a Howland, el Itasca emitía señales y generaba una columna de humo para facilitar la localización de la isla.
Las transmisiones conservadas muestran una situación cada vez más urgente. Amelia informó que esperaba encontrarse sobre el barco, pero que no podía verlo y que el combustible se agotaba. La tripulación del Itasca escuchaba su voz con gran intensidad, pero Amelia no respondía a las instrucciones que trataban de enviarle.
A las 8:43 de la mañana, hora local del barco, comunicó que se encontraba sobre la línea 157-337 y que volaban hacia el norte y el sur. Esa línea podía pasar cerca de Howland, pero no revelaba en qué punto de ella estaba el avión. Después, el Electra desapareció del registro verificable (National Archives and Records Administration, 1937/2024).
La Marina y la Guardia Costera estadounidenses organizaron una búsqueda extraordinaria con barcos y aviones. Se exploraron cientos de miles de kilómetros cuadrados sin hallar restos confirmados del Electra, combustible, equipaje ni señales de sus ocupantes. La búsqueda oficial terminó en julio. Amelia fue declarada legalmente muerta el 5 de enero de 1939.
Lo que sabemos y lo que solo imaginamos
La explicación más aceptada sostiene que Earhart y Noonan no localizaron Howland, agotaron el combustible y cayeron al océano cerca de la isla. Es coherente con sus últimas transmisiones, pero el avión nunca ha sido encontrado.
Otra hipótesis propone que siguieron la línea de posición hacia el sureste y llegaron a Nikumaroro, entonces conocida como Gardner Island, donde habrían sobrevivido temporalmente como náufragos. En la isla se han recuperado objetos y restos arqueológicos que algunos investigadores relacionan con Amelia, pero ninguno ha demostrado de manera concluyente que el Electra aterrizara allí.
También surgieron relatos según los cuales fue capturada por fuerzas japonesas, ejecutada o utilizada como espía por el gobierno estadounidense. Décadas de investigaciones documentales no han aportado pruebas sólidas que sostengan estas versiones. Los documentos gubernamentales publicados hasta ahora contienen informes de búsqueda, comunicaciones y rumores posteriores, pero no una evidencia secreta que resuelva el caso (National Archives and Records Administration, 2025).
Por eso debe evitarse presentar cualquier teoría como una solución definitiva. Hasta que aparezcan restos identificables del avión o pruebas equivalentes, la desaparición de Amelia Earhart y Fred Noonan continúa sin resolverse.
La mujer detrás del misterio

El enigma terminó devorando parte de su biografía. Amelia suele ser recordada por el lugar al que no llegó, más que por todos aquellos a los que sí consiguió llegar.
No fue la primera mujer que pilotó un avión ni la aviadora técnicamente más experimentada de su generación. También participó activamente en la construcción de su propia celebridad. Reconocerlo no disminuye sus logros. Al contrario, permite comprender su verdadera habilidad: utilizó la atención pública para financiar expediciones, defender la presencia femenina en la aviación y transformar lo que una mujer podía imaginar para su futuro.
Su último vuelo fue arriesgado y su preparación tuvo limitaciones. Pero Amelia no volaba únicamente para convertirse en leyenda. Quería demostrar que las fronteras atribuidas a las mujeres no eran leyes naturales, sino convenciones que podían cruzarse.
Llegó demasiado lejos porque el siguiente horizonte siempre le parecía más importante que el anterior. El Pacífico terminó ocultando su destino, pero no pudo borrar la pregunta que dejó suspendida en el aire: ¿cuántos límites existen realmente y cuántos permanecen allí porque nadie se ha atrevido todavía a atravesarlos?
Referencias
- Butler, S. (1997). East to the dawn: The life of Amelia Earhart. Da Capo Press.
- Earhart, A. (1931, 7 de febrero). Letter to George Palmer Putnam [Carta]. George Palmer Putnam Collection of Amelia Earhart Papers, Purdue University Archives and Special Collections. https://earchives.lib.purdue.edu/digital/collection/earhart/id/2988/
- National Archives and Records Administration. (2024). Radio log of the last communications of Amelia Earhart [Registro original de 1937]. https://www.archives.gov/college-park/highlights/earhart-log
- National Archives and Records Administration. (2025). Records related to Amelia Earhart. https://www.archives.gov/research/ameliaearhart
- Purdue University Archives and Special Collections. (s. f.). Amelia Earhart at Purdue papers. https://archives.lib.purdue.edu/repositories/2/resources/8
- Purdue University Libraries. (s. f.). Amelia Earhart biographical sketch. https://collections.lib.purdue.edu/aearhart/biography.php
- Rich, D. L. (1989). Amelia Earhart: A biography. Smithsonian Institution Press.
- Smithsonian National Air and Space Museum. (2025, 19 de mayo). Answering your questions about Earhart’s disappearance—except the big one. https://airandspace.si.edu/stories/editorial/answering-your-questions-about-earharts-disappearance-except-big-one
- Smithsonian National Air and Space Museum. (s. f.). Amelia Earhart. https://airandspace.si.edu/collection-objects/amelia-earhart/nasm_A19500108000
- The Ninety-Nines. (s. f.). About us. https://ninety-nines.org/about-us/
- Escrito y editado por
- Roberto Carlos Gonzalez Reyes
- Publicado
La bibliografía al final de esta historia forma parte de su registro editorial.

